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Ojo que Huye

Es alguien que sabe que no puede y se asombra de saberlo. En ella se incluía la caligrafía inexacta de la locura desesperada.

Pronto el tiempo se detuvo. Fotográfico.

En seco.

Se detuvo.

STOP! Dijo un ojo.

ya no más que quietud.

Algo parecido a la paz.

En estas tierras donde nada crece y todo se transforma, las aceitunas crecían en olivos de victoria enredados. Nadie podía verlos.

El desierto se abría ante los caminantes que se acumulaban ocupando el mismo espacio donde el tiempo se detuvo.

/el otro ojo, despavorido, huyó/

Gaby B. 2012


PERFORMANCE HOMBRES - MAQUINA

Oscar Adrián Aguilera (guitarra)
Stella Maris Lescano (piano)
Gaby Barrionuevo / Caro Iparraguirre (textos)

Infinidad de mundos. Hombres solos. Separados por pequeñísimas diferencias buscamos encontrarnos en el lodo, entrecruzarnos, abrazarnos, como si eso nos adormeciera y así pudiéramos seguir.

Mundo-copia, seguir el ritmo para no desentonar: – un dos, un dos.
Cada cual ocupando su lugar. Mujeres y niños primero.
Entregados al juego de ser máscaras para desfilar.

Miedo de miradas cruzadas despertando las más-caras actuaciones.
- Allá está derrumbada en un rincón la muñeca muerta que pedaleaba sueños en su bicicleta
- ¿Dónde?
- Ahí! Ahí está con él!

Con aceite y nafta en la nariz, jugaba a ser mecánico mientras el mundo giraba sin detenerse por más que se lo pidiera.
Con azúcar en la boca jugaba a ser pirata, escondiendo las señas señales en mapas imaginarios para encontrar tesoros de algodón.
Tutuca tutuca, yo-yo, miqui moco.

Hombres –maquina. Chucuchu chucuchu chucuchu…un hombre tren se acerca…su mujer tendida en las vías lo ve llegar.

Hombres, mujeres y niños persiguiendo al sol.

Escapar del cuco y de las manchas.
¡No salir al sol, no conocer la siesta que l a bolsa tiene lugar para todos!
A esconderse que ya terminan de contar.

Y...
¿Quiénes son esos que se paran sobre un montón de chatarra a cantarle a luna?

La luna desestabiliza al encierro, despertando a los dementes. Carcel-carnaval donde cada cual deja de ser para entregarse a los aullidos y al dolor